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La historia comienza con un lugar mágico en Morelos, México, la Hacienda de Chiconcuac. Todo marchó de maravilla, el cielo limpio anunciaba un día mágico y perfecto. Ana Lorena disfrutó su tiempo de arreglo junto con familiares y amigos, por otra parte en otro sitio ya se preparaba Juan Carlos en donde nos acompañó nuestro amigo Sergio Arturo Olivera, quien se hizo cargo de las fotografías durante ese momento tan especial.

 

La estructura de la capilla, vulnerada por el reciente terremoto en Morelos, permanecía cerrada al público como medida de precaución así que tuvo que improvisarse otro lugar para celebrar la misa, mismo que gracias a sus magníficas entradas de luz fue perfecto para dar un toque romántico y solemne a la celebración.

 

El cóctel y la fiesta comenzaron en la tarde, así que la diversión no tuvo límites y al ritmo de la música del DJ, los novios marcaron la pauta con su alegría y actitud para que todos los invitados se contagiaran de esa vibra magnífica y la noche cerrara como el día comenzó… impregnado de magia.